El Atlas y el Guadalajara sostienen el enfrentamiento con mayor tradición en el balompié nacional. Con más de un siglo de existencia por parte de ambas instituciones, la disputa entre los clubes de la capital de Jalisco constituye la rivalidad territorial más añeja de la liga, un choque marcado desde sus orígenes por contrastes sociales, disputas de territorio y episodios que definieron la identidad deportiva de la región.
Orígenes de la disputa y trasfondo social
El primer choque registrado entre ambos equipos ocurrió en 1916, poco tiempo después de la fundación del Atlas. La irrupción de la escuadra rojinegra generó tensión inmediata en el entorno del Guadalajara, club que hasta ese momento ejercía un dominio absoluto en el panorama deportivo local y no veía con agrado la aparición de una segunda institución con pretensiones competitivas en la ciudad.
A la rivalidad deportiva se sumó un marcado componente socioeconómico. En sus primeras décadas, el Atlas estuvo vinculado con los sectores acomodados de la sociedad tapatía, mientras que el Guadalajara identificó sus bases con la clase trabajadora y los sectores populares. Esta disparidad en la extracción de sus aficionados alimentó el encono en la tribuna y consolidó el valor simbólico de cada enfrentamiento en el torneo local.

El origen del apodo rojiblanco
El mote distintivo con el que se conoce popularmente al Guadalajara tuvo su origen en una burla promovida desde el entorno atlista. En 1948, tras un encuentro en el que el equipo rojiblanco derrotó 1-0 al Tampico, el periodista Reynaldo Martín del Campo encabezó su crónica en el diario El Informador con la frase: «Jugaron a las carreras y ganaron las Chivas uno a cero».
El redactor, aficionado afín al Atlas, utilizó el término con la intención de ironizar sobre el despliegue desordenado del equipo vencedor. Sin embargo, la afición rojiblanca adoptó la denominación como propia con el paso del tiempo, transformando un calificativo despectivo en uno de los sellos de identidad más representativos de la institución.
