Tenía que pasar así. Lionel Messi marcó el 3-0 de Argentina ante Benín desde el punto penal y convirtió su último partido con la Albiceleste en una escena imposible de separar de la emoción. Frente a un Monumental completamente entregado, el capitán tomó la pelota, caminó hacia los once pasos y volvió a hacer lo que hizo durante más de dos décadas: cargar con la mirada de todo un país. Con ese tanto, además, llegó a 126 goles con la Selección Argentina, ampliando todavía más su marca como máximo goleador histórico de la Albiceleste.
Messi ejecutó el penal con la tranquilidad de siempre y desató una celebración que fue mucho más que un gol. Compañeros, aficionados y todo el estadio entendieron el significado del momento: podía ser la última vez que Leo festejara un tanto con la camiseta de Argentina. En una noche preparada para decir adiós, el número 10 terminó regalando una imagen perfecta para cerrar su historia y alcanzar una cifra que resume buena parte de su legado: 126 goles defendiendo a su país.
Argentina ya ganaba con comodidad, pero ese tercer gol cambió completamente el ambiente. El marcador pasó a segundo plano y el Monumental se convirtió en un homenaje gigantesco para el futbolista que se marcha como máximo goleador histórico de la selección con 126 tantos, campeón del mundo y símbolo de una generación inolvidable. Messi volvió a marcar, pero esta vez el gol no se sintió como uno más: se sintió como el último capítulo de una historia que Argentina nunca olvidará.