A más de seis meses de su repentina partida del balompié mexicano, Allan Saint-Maximin decidió hablar abiertamente sobre los verdaderos motivos que precipitaron la rescisión de su contrato con América tras haber disputado únicamente un semestre con el cuadro azulcrema.
En declaraciones recientes, el talentoso atacante francés enfatizó que guarda un profundo cariño por la institución de Coapa y su afición, deslindando por completo a la directiva y al pueblo mexicano de los desafortunados sucesos que forzaron su marcha del país.
El futbolista galo detalló que la compleja decisión familiar respondió de manera directa a episodios de acoso y discriminación racial sufridos por sus hijos en el entorno escolar.
Frente a esta situación, Saint-Maximin remarcó que el bienestar emocional y la integridad de sus seres queridos se mantuvieron por encima de cualquier acuerdo profesional o beneficio deportivo en su carrera dentro de la Liga MX.
«No fue culpa del América»: la firme postura del atacante galo
Para evitar desinformación o malentendidos respecto al trato recibido durante su paso por la capital mexicana, el extremo francés fue contundente al respaldar la calidez del vestidor y la grandeza del club:
«No fue culpa del América. No tengo nada en contra de ellos, los jugadores o el pueblo mexicano. Amo al club. Fue uno de los mejores lugares en los que he estado con mi familia».
Asimismo, el atacante condenó las agresiones externas que terminaron por romper la tranquilidad de su hogar en el país:
«Son solo algunas personas aleatorias que dicen algunas cosas e intentan atacar a tu familia. Nunca realmente sabes quiénes apoyan o por qué hacen esto, pero cuando eso afecta a tus hijos, no hay muchas opciones que tomar», explicó sobre el complejo ambiente que rodeó sus últimos días en la Ciudad de México.
Tolerancia cero ante la discriminación y un mensaje de integridad personal
Reconociendo que poner fin a su etapa en el balompié azteca representó un trago amargo en su trayectoria deportiva, Saint-Maximin asumió la responsabilidad total de sus actos, priorizando los valores éticos sobre las consecuencias económicas o profesionales de su salida.
«Fue una decisión difícil para mí y mi familia, pero asumo la responsabilidad porque siempre digo que nunca aceptaré cosas así. Era importante mostrar a la gente, especialmente en mi situación, que puedo perder muchas cosas, pero nunca aceptaré esto», concluyó el futbolista, dejando un mensaje claro sobre la firmeza con la que se deben encarar los actos de racismo.