El América aprendió que ser grande también significaba ser incómodo. Hoy presume una de las aficiones más numerosas del país, pero también encabeza las listas de rechazo. En la encuesta Mitofsky 2026, 21.1% lo señaló como favorito y 40.6% como el club que más rechazo provoca. Esa contradicción no nació de un partido: se construyó durante décadas.
La historia cambió en 1959, cuando Emilio Azcárraga Milmo adquirió al club. América venía de años irregulares y el proyecto buscó convertirlo en una potencia capaz de competir contra unas Chivas dominantes. La apuesta por figuras, exposición televisiva y futbolistas extranjeros ayudó a construir una imagen opuesta a la del Guadalajara, identificado con jugadores mexicanos.
América convirtió el antagonismo en identidad
La rivalidad con Chivas terminó siendo el escaparate perfecto. Guadalajara representaba al equipo popular y nacionalista; América comenzó a proyectarse como el conjunto poderoso de la capital, dispuesto a contratar estrellas y ganar protagonismo. ESPN recuerda que esa oposición fue una de las semillas que dieron forma al Clásico Nacional y reforzaron la imagen del América como villano.
La televisión amplificó esa percepción. Durante décadas, Televisa fue propietaria del América y una de las empresas más influyentes en la transmisión del futbol mexicano. Esa relación alimentó entre rivales ideas de favoritismo y poder. Más allá de esas acusaciones, lo comprobable es que el club estaba siempre expuesto: para quererlo, discutirlo o simplemente esperar que perdiera.
“Ódiame más” terminó convertido en bandera
En lugar de huir de esa fama, el americanismo terminó abrazándola. “Ódiame más” se convirtió en una frase asociada al club y resumió perfectamente su personaje dentro del futbol mexicano. Cada campeonato, fichaje importante o triunfo frente a Chivas, Cruz Azul y Pumas alimentó todavía más una identidad que encontró fuerza precisamente en provocar al rival.
Los resultados también ayudaron. América se convirtió en el máximo ganador de la Liga MX y fue protagonista en distintas generaciones. Ganar durante tanto tiempo produce admiración, pero también enemigos. Por eso la etiqueta de “equipo más odiado de México” dejó de ser solo una frase de estadio: las encuestas siguen mostrando un rechazo superior al de cualquier rival. Esa es la paradoja americanista: millones quieren verlo ganar y muchos otros disfrutan viéndolo perder.