-Columna invitada | Javier Rojas
Lo que sucedió el sábado por la noche en el Estadio Banorte nos recuerda que, lamentablemente, nuestra sociedad normaliza situaciones inapropiadas o, mejor dicho, ilícitas ante la complacencia o ausencia de la autoridad.
Eso se ha trasladado al futbol; hay violencia en los estadios porque no han existido castigos ejemplares en situaciones aún más graves.
Hablando específicamente de las expresiones racistas que sufrió Helinho, desafortunadamente se han repetido constantemente en diferentes partes del mundo. Aquí en México hay muchos antecedentes; uno de ellos lo padecieron precisamente dos jugadores del América. Fue en la semifinal de vuelta del torneo Apertura 2015, celebrada en CU, cuando Darwin Quintero y Michael Arroyo acusaron a Darío Verón de racismo.
Los jugadores sostuvieron sus declaraciones en un careo ante la Comisión Disciplinaria, pero no hubo sanciones. Sólo el CONAPRED (Consejo Nacional para Prevenir la Discriminación) siguió el caso de oficio y por iniciativa propia citó al ex capitán de los Pumas, no por una sugerencia de la Liga o la Federación, y ahí terminó el asunto. Hoy ya se abrió una investigación, como en otros casos, pero ojalá que no termine como ha sido siempre.
El sábado anterior, los empujones y gritos en los pasillos de los vestidores, que ahora están a la vista de los asistentes a la zona VIP del inmueble, lo que les permite interactuar con jugadores y técnicos, fueron el colofón injustificado de la pelea que inició en la cancha por una entrada imprudente de Helinho, la cual puede ser discutible si era para expulsarlo o solo amonestarlo, lo que no exime la imprudencia del brasileño cometiendo una falta en media cancha cuando Toluca necesitaba la continuidad del partido durante un lapso en el que presionaba al América.
El castigo parece corto, sobre todo en el caso de Henry y del estadio, al que por lo menos debieron pedirle públicamente un aumento en las medidas de seguridad dentro de la zona más cara del inmueble, advirtiendo a los asistentes su desalojo y remisión ante las autoridades por alterar el orden.
Pese a estas deficiencias de la Comisión Disciplinaria, todos deberíamos ser más conscientes y responsables de nuestros actos. Nuestra sociedad ya está muy golpeada por la delincuencia; resulta incomprensible que el ciudadano de bien contribuya a crear un ambiente aún más hostil dentro o fuera del futbol, en nuestra vida cotidiana.