Este jueves se dio a conocer que LIV Golf cerrará sus operaciones tras un periodo de cuatro años de actividad, luego de que un tribunal de bancarrotas anunciara que la organización pondrá fin a sus actividades en lugar de lanzar una nueva versión de la liga. La decisión se tomó al no consolidarse el respaldo suficiente para el proyecto de restructuración, por lo que los deudores descartaron avanzar con el plan conocido como LIV 2.0 e iniciaron un cierre progresivo orientado a maximizar el valor de los activos restantes.
La liga comenzó sus competencias en junio de 2022 ofreciendo bonos de firma de nueve cifras para incorporar a figuras destacadas de la gira de la PGA. Sin embargo, el circuito perdió el financiamiento procedente de Arabia Saudita en el mes de abril, tras haber registrado un gasto superior a los 5,000 millones de dólares a lo largo de su gestión.
El proceso judicial de reestructuración en Estados Unidos
El cese de las actividades se ejecutará mediante un proceso supervisado por los tribunales de Estados Unidos, derivado de la solicitud de bancarrota presentada el pasado mes de septiembre ante un juzgado de Nueva York. La acción legal ocurrió después de que el Fondo de Inversión Pública de Arabia Saudita (PIF) interrumpiera de forma definitiva la inyección de fondos al concluir la temporada en agosto.
La determinación de proceder con el cese ordenado bajo supervisión judicial concluye la etapa del circuito creado con capital saudí, cuya irrupción en 2022 alteró la estructura y el mercado del golf profesional a nivel global.
El colapso del plan de rescate LIV 2.0 y la retirada de inversores
Tras la declaración de quiebra en septiembre, la firma financiera BC Partners Credit había anunciado un compromiso de inversión de hasta 300 millones de dólares para rescatar y reestructurar la competición. No obstante, el fondo decidió retirarse del proyecto ante la salida de jugadores del circuito, entre los que destacan los españoles Jon Rahm y Sergio García, junto con el inglés Tyrrell Hatton.
El escepticismo expresado por un sector amplio de los futbolistas y golfistas participantes respecto al modelo propuesto para LIV 2.0 desestimuló la permanencia de los inversores. La falta de garantías financieras y deportivas aceleró la disolución final de la liga.