La Selección Nacional no es un laboratorio para experimentar. A la Selección deben ir los mejores jugadores que vivan un buen momento, llámense como se llamen sin importar dónde jueguen.
Esa debe ser la primera lección aprendida por Rafa Márquez y su cuerpo técnico. Extraño que apenas se dé cuenta de esto hoy pese a los años de experiencia siendo requerido como jugador, aunque puede entenderse por ser la primera convocatoria que elabora como máximo responsable.
Por diferentes circunstancias llamó a algunos jugadores que en este momento no se consideran titulares indiscutibles en sus equipos y esa falta de regularidad o incluso de calidad pasó factura.
Contra Colombia y Perú la actuación del Tricolor fue aceptable y después se fue diluyendo.
Las ausencias obligadas de Julián Quiñones, Raúl Jiménez y Edson Álvarez pesaron demasiado, porque ante las seis bajas por lesión o suspensión de convocados sufridas en los últimos días quedó claro lo reducido que es el número de jugadores que tienen los merecimientos para ser llamados.
Rafa lo ha entendido, se acabaron los filtros. Viene la fecha FIFA de Noviembre en la que ya habrá partidos oficiales, en los que el resultado es lo más importante. En los que si se gana será tan sólo normal pero si se pierde la eliminatoria será una tragedia.

Después de esta fecha FIFA la Selección terminó con gran parte de la euforia que dejó el Mundial en los aficionados, la consecuencia de una mala actuación en Noviembre será una enorme presión y serios cuestionamientos.