El momento que atraviesa Cruz Azul ha encendido señales de alerta en el tramo más exigente del semestre. La reciente eliminación ante Los Angeles FC en la Concacaf Champions Cup 2026 no solo dejó secuelas en lo colectivo, sino que también expuso rendimientos individuales a la baja. Entre ellos, destaca el caso de José Paradela, quien ha perdido peso específico dentro del funcionamiento del equipo.
El mediocampista argentino inició el 2026 con números que lo colocaban como el jugador más determinante del plantel. En sus primeros cinco partidos de liga registró cuatro goles y una asistencia, además de sumar presencia en el ámbito internacional. Su impacto en el último tercio del campo era constante, siendo clave en la generación y definición de jugadas. Sin embargo, con el paso de las jornadas, su influencia ofensiva comenzó a diluirse de forma progresiva.
Desde entonces, Paradela apenas ha contribuido con un gol y una asistencia en liga, además de una anotación en la serie ante Monterrey. Más allá de las cifras, su incidencia en el juego ha disminuido notablemente, perdiendo protagonismo en la construcción ofensiva. Lo preocupante es que este comportamiento no es nuevo: durante el Apertura 2025 ya había experimentado un declive similar tras un inicio prometedor, desapareciendo de la producción ofensiva en la recta final del torneo.
El bajón del argentino impacta directamente en el sistema de Nicolás Larcamón, que depende en gran medida de la sociedad que Paradela conforma con Agustín Palavecino y Carlos Rodríguez. Cuando este triángulo funciona, Cruz Azul encuentra fluidez y profundidad; cuando no, el equipo luce predecible, sin claridad para romper líneas. La serie ante LAFC evidenció estas carencias, con un conjunto celeste carente de creatividad en los momentos clave.
Con la Liguilla del Clausura 2026 Liga MX en el horizonte, la recuperación de Paradela se vuelve una prioridad estratégica. Cruz Azul necesita que su mediocampista vuelva a ser determinante para aspirar al título. Más que un tema de forma, el reto del argentino es romper con un patrón recurrente que amenaza con condicionar, una vez más, el cierre de temporada del equipo cementero.