Enrique Borja, el ídolo mexicano de los años setenta

Los futbolistas mexicanos que brillan en una Copa del Mundo suelen acaparar la atención y convertirse en ídolos nacionales. Así ocurrió con un joven llamado Enrique Borja. El “Cyrano” fue el jugador que más reflectores se llevó en el Mundial de 1966, gracias a su anotación ante Francia en Wembley, inmortalizada además por la narración de Fernando Marcos y el famoso grito de “¡Borja, no falles!”.

El ídolo

Aquel joven que portaba el dorsal 20 se transformó en figura y marcó una época, convirtiéndose en uno de los primeros grandes ídolos del balompié mexicano. Borja vivió momentos trascendentes a lo largo de su carrera, entre ellos, protagonizar uno de los traspasos más polémicos en la historia del futbol nacional.

El traspaso

El delantero pasó de Pumas, club del que surgió, al América, sin su consentimiento. La polémica fue tal que el caso escaló hasta la Presidencia de la República, aunque ni siquiera la intervención presidencial logró frenar el movimiento.

Aquel traspaso, lejos de afectar su carrera, marcó el inicio de la leyenda de Borja como ídolo azulcrema. Fue una figura dentro y fuera de la cancha: el jugador al que todos querían parecerse, admirado por niños y elogiado por adultos.

La “borjamanía” incluso trascendió la realidad. El Chavo del Ocho, personaje de Roberto Gómez Bolaños, hacía constantes referencias a Enrique Borja, y el propio Chespirito le rindió homenaje en la película El Chanfle, con el personaje de “Valentino”.

Borjita

La popularidad de Borja fue tal que en la década de los años 70 tuvo su propia historieta titulada “Borjita”, donde el personaje vivía múltiples aventuras relacionadas con el futbol y, sobre todo, con el Club América, equipo con el que se le identificó durante gran parte de su carrera.

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