Por: Javier Rojas
Muchos de los problemas que han causado el estancamiento o retroceso del futbol mexicano tienen la raíz en la Asamblea de Dueños.
Ese organismo que surgió bajo la presidencia de Alberto De la Torre en la Federación y que después de casi dos décadas ha asumido el papel de máxima autoridad que delega tareas al Presidente o ahora al Comisionado y a todos quienes tienen un cargo dentro de lo que debería ser el ente con la máxima autoridad dentro del futbol profesional en nuestro país. Pero no, a ellos se les ve y trata como empleados y ellos se asumen como tal.
Esto explica por qué en la Federación se toman acuerdos que después no se respetan, como lo que ahora sucede con el Toluca y la Selección Nacional, solicitando a Jesús Gallardo y Alexis Vega para disputar el juego de vuelta de la Copa de Campeones de la Concacaf contra el LAFC el mismo día que inicia la concentración para la Copa del Mundo, la concentración más importante del ciclo, que fue el tema central de la Asamblea de Dueños de hace un año y que en Marzo pasado fue ratificado por el propio Javier Aguirre en una conferencia de prensa.
También explica por qué no se respetará el Reglamento de Competencia, que en el Artículo 24 establece el pago de multas para los tres últimos lugares en la tabla de cocientes. Algo que desde el 2023 ya había planteado la dueña de Bravos de Juárez, Alejandra de la Vega y que posteriormente apoyaron equipos como Puebla y el hoy ya desaparecido Mazatlán, utilizando como pretexto el recurso legal ante el TAS interpuesto por la mayoría de equipos de Liga de Expansión que vieron cómo se estaba rompiendo el acuerdo de regresar el ascenso y el descenso de la máxima categoría después de los cinco años estipulados en el 2020.

Eso explica por qué en las Asambleas se tocan más temas económicos que deportivos, es obvio, son empresarios muy exitosos que están cuidando sus inversiones.
Por ello si a un dueño de equipo le conviene que se aumente el número de extranjeros el resto lo apoya. Si a otros les conviene que no haya descenso ni ascenso se les respalda; más allá de que presuman tener el año con más ingresos y que eso no sirva para crear el mecanismo de rescate financiero para quien pierda la categoría, como sucede en varias ligas europeas.

Por eso si un estadio recibe veto pues se le busca la laguna en el reglamento para que se lo quiten o para que juegue en otro inmueble de la misma ciudad con la finalidad de que mantenga sus ingresos. Los dueños son socios y las autoridades en la Federación sus empleados que buscan tenerlos satisfechos para conservar sus puestos y privilegios.
Ellos mismos le restan seriedad a su industria y eso provoca el aumento de la crítica, el descontento del aficionado y por supuesto la falta de credibilidad.