-Columna invitada | Javier Rojas
Es lo que se vive en el América. André Jardine no quiere utilizar esa palabra, pero es evidente que ha llegado al Nido de Coapa.
El equipo acaba de sufrir su cuarto descalabro en nueve jornadas que llevamos de este presuroso Clausura 2026. La segunda derrota consecutiva, ambas en casa, y la tercera caída en los últimos cinco partidos.
El panorama empeora con una lista de lastimados que no termina. Reapareció Alejandro Zendejas ante Bravos, pero desafortunadamente en el mismo juego Víctor Dávila sufrió una grave lesión de ligamentos en la rodilla derecha que lo marginará más de seis meses. Isaías Violante también sufrió una lesión de ligamentos en el duelo contra Tigres, pero que resultó menos delicada y podría estar de regreso en tres semanas. Junto a ellos aparece el nombre de Henry Martín, quien podría volver a la actividad en el duelo de la Concachampions de la próxima semana, pero con las reservas pertinentes debido a las recaídas que ha tenido el delantero desde hace un año. Además, se le administran los minutos de partido a Brian Rodríguez, quien sufre una sobrecarga muscular.
Lesiones en jugadores de vocación ofensiva que pueden explicar en alguna medida que hoy América tenga a una de las delanteras menos productivas de la liga, justo cuando inicia la segunda parte del torneo, en la que las Águilas tendrán que visitar a Pumas y recibir a Cruz Azul y Toluca, los más serios contendientes al título.
En Concacaf pareciera tener pronósticos menos adversos en esta ronda de octavos de final enfrentando al Philadelphia Union, que tras dos jornadas en la MLS ha cosechado derrotas que se minimizan por la goleada al Defense Force en la primera fase del torneo.
Por todo esto, el entorno del equipo es hostil. Cierto sector de la prensa que hace algunos meses postulaba a André Jardine como candidato emergente de la Selección, ante las dudas que despierta el desempeño reciente con Javier Aguirre, hoy señala al técnico brasileño como el máximo responsable del mal momento. Por supuesto que tiene culpa, pero no es el único.
Se empieza a especular, como siempre, con listas de candidatos para generar expectativas e interacción sin que exista la información real. Y ante toda esta vorágine, el silencio de la directiva no ayuda. Una dirigencia que antes de los momentos de gloria sí acostumbraba a dar certezas en los pasajes complicados. Ese silencio permite la especulación, y la especulación enrarece aún más el entorno.
Ese ambiente de ruptura interna no lo sentía desde los últimos días de Santiago Solari en el equipo hace cuatro años o desde la sublevación que terminó con la gestión de Ricardo Peláez en 2017.