Se sienten desde hoy, en medio de la controversia por el conversatorio en el Senado de la República el pasado Lunes y la iniciativa para reformar la Ley General de Cultura Física y Deporte con el objetivo de establecer mecanismos permanentes de ascenso y descenso en las estructuras deportivas profesionales que cuenten con dos o más categorías. Ha sido el tema de la semana junto con la concentración de la Selección.
Considero un beneficio el hecho de que este movimiento, al que muchos califican como estéril, ha tenido la fuerza suficiente para desenmascarar a varios comunicadores y medios que de inmediato salieron a desacreditar a quienes asistieron como ponentes, en el caso concreto del portero de Morelia, Roberto Galán, mientras que otros intentan restar el aporte deportivo de los equipos de Liga de Expansión con el origen futbolístico de César Montes, surgido de la organización de Cimarrones como Johan Vázquez. Cimarrones, el claro ejemplo de lo perjudicial que ha sido la política de exterminio por parte de la Liga MX y la Federación con las divisiones inferiores.
Que una problemática deportiva escale al terreno de la política no es lo ideal porque se puede convertir en un pretexto propagandístico con fines diferentes pero fue la única opción que le dejaron a los equipos que piden respeto su derecho a competir y a crecer con reglas justas y claras. La intransigencia y opacidad en este caso por parte de los equipos de la Liga MX y los federativos los llevaron hasta ahí como el último de los recursos, antes buscaron otras vías.
Nunca será bueno politizarlo pero tampoco polarizarlo como está sucediendo. Unos acusan a los otros de ser utilizados o por políticos buscando popularidad o por dirigentes de la Federación tratando de justificar un sistema viciado como el que hoy prevalece.
Una liga que excluye a futbolistas, empresarios, aficiones y ciudades del grupo de los 18 socios que existen dañando claramente el nivel competitivo del futbol en todo el país. Por supuesto, ambas situaciones serían inadmisibles. Lo único cierto es que un lugar en la Primera División sólo se obtiene con dinero y no con méritos deportivos.
Los equipos inconformes tienen todo el derecho de aspirar y competir para pertenecer a la élite, los aficionados tienen derecho a exigir una liga más competitiva pero también los dueños de los 18 equipos de la Liga tienen el derecho de buscar proteger su inversión.
Sin embargo, no han encontrado la forma de hacerlo principalmente por falta de voluntad. Ha trascendido que en el fondo de inversión de los 12 mil 900 millones de dólares que no prosperó y que provocó la salida de Juan Carlos Rodríguez de la Federación en Diciembre del 2024 nunca estuvo contemplado el rescate económico para el equipo que descendiera, se establecía una liga cerrada.
El desenlace de esta historia está lejos y quedan muchas preguntas en el aire. Una de ellas es la razón por la cuál Mikel Arriola o algún representante de la Federación o la Liga no atendieron la invitación al conversatorio del Lunes en el Senado a diferencia del 28 de Abril pasado cuando el Comisionado, muy sonriente, asistió a la Cámara de Diputados para recibir un reconocimiento por su liderazgo y labor en la organización como uno de los países sede de la Copa del Mundo. ¿Acaso sólo se acepta el elogio en la Federación?