Lamentablemente, la Gran Final del Clausura 2026 se vio manchada por la violencia que se vivió en diferentes áreas del Estadio Olímpico Universitario. La rivalidad que ha incrementado en los últimos años entre Pumas y Cruz Azul se manchó, ya que vimos múltiples aficionados inmiscuidos en actos de violencia.
Durante mi cobertura en el Estadio Olímpico Universitario de la Gran Final pude presenciar al menos cuatro actos de violencia, que afortunadamente no pasaron a mayores. A lo largo de la noche, salieron a la luz más videos, pero esto no fue lo único. Tras salir de CU, en camino al metrobús por Insurgentes, pude presenciar más actos violentos.
Aficionados de Pumas apedrearon un carro de aficionados de Cruz Azul que estaban festejando el campeonato. Pero esto no se queda ahí, ya que incluso el periodista C4 Jiménez reportó que varios integrantes de la Rebel fueron capturados portando droga, pero esto no fue lo más grave que se vivió.
Un aficionado de Pumas agredió y amenazó a su vecina tras el triunfo de Cruz Azul. Todo esto sin duda manchó una de las mejores finales que se han vivido en los últimos años en el fútbol mexicano. La afición universitaria quedó sin duda manchada por la violencia, pero, ¿Esto es un reflejo de la sociedad o los prejuicios?
Violencia en la Gran Final un reflejo de la sociedad
Durante mucho tiempo se ha señalado que los aficionados de los Pumas son de los más violentos. Es una realidad que el Estadio Olímpico Universitario es uno de los pocos inmuebles donde la afición visitante puede ir y tiene una sección apartada de todo lo demás, con los cuidados policiales correspondientes.
Además, a lo largo de los últimos años, hemos visto cómo aficiones de dos equipos conviven en inmediaciones del Olímpico Universitario. Los prejuicios han nacido por casos aislados que han surgido en CU, pero que también han sucedido en otros estadios del fútbol mexicano y justamente ese es el gran problema.
Pumas no es el problema, CU no es el problema, el problema a erradicar es la violencia que se vive en la sociedad mexicana. Alguna vez el escritor mexicano Juan Villoro mencionó que el fútbol es “Un espejo distorsionado de la sociedad” y es totalmente cierto. El balompié es el reflejo de lo que vivimos todos los días en nuestro mundo.
México es un país lleno de violencia, y esto se traslada al fútbol. Una final, con la rivalidad deportiva que existe, y perderla es el “pretexto perfecto” para hacer este tipo de actos que no tienen ningún perdón. Pumas y el Estadio Olímpico Universitario no son sinónimo de violencia, sino que la sociedad mexicana justifica sus actos en pro de su equipo o del fútbol.
Esto es algo que no se puede cambiar de la noche a la mañana, pero hay que entender que la culpa no es del fútbol o de un equipo, sino de la sociedad.
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