Toluca hizo válida su condición de favorito y se instaló en las semifinales del Apertura 2025 tras empatar 0-0 con Juárez en el Infierno, resultado que —sumado al 2-1 de la ida— les dio el pase a la siguiente ronda. Pero más allá del boleto, el partido dejó una sensación inevitable: Juárez se despidió con una dignidad enorme, fiel a la idea que sembró Martin Varini, en el que además fue su último partido al frente del equipo fronterizo.
El partido comenzó bajo un guion claro. Toluca buscó imponer condiciones desde el arranque, generando peligro inmediato con Paulinho, quien increíblemente perdonó dos veces en los primeros minutos. El portugués, normalmente tan contundente, hoy no encontró esa precisión que lo distingue. Aun así, los Diablos empezaron a construir desde ahí la sensación de dominio.
Toluca no era avasallador, pero sí constante: llegaba, finalizaba jugadas y mostraba una estructura trabajada, esa que tanto se le reconoce al equipo de Mohamed. A lo largo de la primera mitad tuvieron momentos muy finos: un remate de Pereira, una chilena de Marcel Ruiz, otro cabezazo de Paulinho. Pero el gol nunca llegó.
Juárez, en cambio, jugó a lo que tenía que jugar: resistir, competir, esperar su momento. No generaron demasiado, pero lo hicieron con orden, con intensidad, con esa determinación que los ha acompañado todo el torneo. Estupiñán, Mayorga y, especialmente, el joven Ochoa —de enorme actuación— mantuvieron con vida a un equipo que no se rindió jamás. Y, por entrega, nunca quedó a deber.
El punto de quiebre emocional llegó al 71’, cuando Paulinho puso un centro maravilloso y Helinho dudó un instante antes de empujarla. Un segundo menos de vacilación y el duelo se cerraba. Aun así, Toluca nunca perdió control ni estructura. Dominó el ritmo, manejó las transiciones y jugó con la serenidad de quien sabe que el tiempo corre a su favor.
El Diablo invade la Liga y vuelve a semis 🔥 UNIDOS vamos por todo 👹 pic.twitter.com/j6B8K5ArvO
— Toluca FC (@TolucaFC) November 30, 2025
Juárez, por orgullo, terminó enviando a Ochoa como delantero improvisado en los últimos minutos. Lluvia de centros, empuje puro, esa sensación de “lo intentaron hasta el final”. Y sí, lo hicieron. Pero nunca encontraron la jugada que cambiara el destino del partido.
Cuando sonó el silbatazo final, el Infierno celebró su pase a semifinales… pero también reconoció el esfuerzo del rival. Juárez se fue eliminado, sí, pero se fue compitiendo. Se fue dejando claro que no es un accidente su presencia en estas instancias. Se fue reforzando la idea de que el equipo creció —y mucho— de la mano de Varini.
Toluca, sólido, convencido y muy bien trabajado, ya espera rival en semifinales. Bravos, mientras tanto, cierra un torneo histórico, con la sensación de que este equipo apenas está comenzando a construir algo más grande.