El ciclo de Nicolás Larcamón al frente de Cruz Azul atraviesa su momento más crítico. La reciente eliminación en la Concacaf Champions Cup 2026 a manos de Los Angeles FC no solo dejó fuera al conjunto celeste, sino que profundizó una crisis deportiva que ya venía gestándose desde meses atrás. La reacción de la afición fue inmediata, evidenciando el desgaste de un proyecto que ha perdido credibilidad.
El empate 1-1 en el Estadio Cuauhtémoc, que selló la eliminación con un global adverso, fue acompañado por un ambiente tenso en las tribunas. El grito de “¡Fuera Larcamón!” retumbó con fuerza, reflejo del hartazgo de una afición que ya no tolera más tropiezos en instancias clave. Más allá del resultado, lo que generó mayor preocupación fue la incapacidad del equipo para competir de tú a tú ante un rival que resolvió la serie desde el partido de ida.
En el plano local, la situación tampoco es alentadora. Aunque Cruz Azul se mantiene en la parte alta de la tabla del Clausura 2026 Liga MX, su rendimiento ha venido a la baja de manera considerable. El equipo no gana desde el 7 de marzo, acumulando empates ante Pumas, Mazatlán y América, además de una derrota frente a Pachuca, lo que ha encendido las alarmas de cara a la fase final del campeonato.
La gestión de Larcamón ha estado marcada por una cadena de resultados negativos en momentos determinantes. El primer golpe fue la histórica goleada 7-0 ante Seattle Sounders FC en la Leagues Cup 2025. Posteriormente, la eliminación ante Tigres en la semifinal del Apertura 2025 dejó escapar una oportunidad clara de título. A ello se suma la derrota frente a Flamengo en la Copa Intercontinental, y ahora la caída en Concachampions, configurando un historial reciente que pesa cada vez más.
Con el panorama internacional ya cerrado, la Liga MX se presenta como la última vía para rescatar el semestre. Sin embargo, el entorno no es el más favorable: el vestidor luce golpeado, condicionado por ausencias sensibles como la de Nicolás Ibáñez y la expulsión de Gonzalo Piovi, lo que obliga al cuerpo técnico a replantear su estructura. En este contexto, Larcamón se juega más que un torneo; se juega la continuidad en un proyecto que, de no mostrar una reacción inmediata, podría llegar a su fin antes de lo previsto.