La vez que Miguel Herrera desmanteló al Atlante y comenzó su camino rumbo al descenso 

La última etapa de Miguel Herrera como director técnico del Atlante en la Primera División se vivió entre noviembre de 2010 y noviembre de 2011, un periodo que hoy sigue siendo motivo de análisis en la historia reciente de los Potros de Hierro. En ese lapso, el estratega dirigió 36 partidos oficiales de Liga MX, con un balance de 13 victorias, ocho empates y 15 derrotas, números que reflejaron un proyecto irregular, competitivo en ciertos momentos, pero incapaz de sostener una estabilidad deportiva que consolidara al club en la máxima categoría.

El punto más alto de aquella etapa llegó en el Clausura 2011, cuando Atlante firmó una destacada fase regular al finalizar en la cuarta posición de la tabla general. Ese desempeño le permitió clasificar a la Liguilla, donde fue eliminado en los cuartos de final por Cruz Azul. Aunque la eliminación fue dolorosa, el torneo dejó la sensación de que el equipo tenía una base sólida y un plantel capaz de competir. Sin embargo, el Apertura 2011 fue todo lo contrario: el conjunto azulgrana no logró clasificar a la fase final, evidenciando un retroceso que terminó por cerrar el ciclo de Herrera en el banquillo atlantista.

Tras su salida del Atlante en noviembre de 2011, Miguel Herrera encontró rápidamente un nuevo reto en la Liga MX al asumir la dirección técnica del Club América en el Clausura 2012. Fue ahí donde su carrera alcanzó uno de sus puntos más altos, coronándose campeón del Clausura 2013 tras aquella histórica final ante Cruz Azul en el Estadio Azteca. El “Piojo” consolidó un equipo intenso, ofensivo y protagonista, respaldado por una directiva dispuesta a reforzar el plantel a su medida.

En ese proceso, Atlante terminó siendo uno de los grandes damnificados. Herrera se llevó al América a varios de los jugadores que habían sido pilares en su esquema con los Potros, prácticamente desmantelando la columna vertebral del equipo. Futbolistas como Osvaldo Martínez, Christian Bermúdez, Michael Arroyo y Moisés Muñoz fueron fichados por las Águilas a petición expresa del técnico, debilitando considerablemente a un Atlante que ya atravesaba problemas estructurales y deportivos.

Las salidas no solo representaron pérdidas individuales de calidad, sino un golpe directo a la identidad y competitividad del club. Sin una planeación adecuada para reemplazar a esas figuras, Atlante comenzó a hundirse paulatinamente en la tabla porcentual. El equipo dejó de ser protagonista, perdió regularidad torneo tras torneo y quedó atrapado en una dinámica negativa que parecía irreversible.

El desenlace llegó en el Clausura 2014, cuando Atlante terminó en el último lugar de la tabla de cocientes y consumó su descenso a la Liga de Ascenso. Dos años después de la salida de Miguel Herrera y del éxodo de sus principales referentes, los Potros de Hierro pagaron el precio de una descomposición deportiva profunda. Aquel episodio sigue siendo recordado como un punto de quiebre en la historia del club, que desde entonces ha luchado por recuperar el lugar que durante décadas ocupó en la élite del futbol mexicano.

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