Ferrero rompe el silencio tras su salida del equipo de Alcaraz

Juan Carlos Ferrero habló. Y lo hizo sin reproches públicos y con una mezcla de honestidad y serenidad que explica mejor que cualquier comunicado lo que significó su ruptura profesional con Carlos Alcaraz. El extenista español reconoció sentirse dolido, sí, pero también tranquilo, con la sensación de haber cumplido con un proyecto que marcó una época en el tenis moderno.

En una entrevista concedida al diario Marca, Ferrero abrió la puerta a los motivos reales de la separación: diferencias contractuales y de enfoque de cara al futuro. Nada explosivo, nada inesperado en relaciones tan largas y tan intensas. Simplemente, caminos que dejaron de coincidir.

Una ruptura sin conflicto, pero con desgaste

Ferrero explicó que, al cierre del año, como ocurre en cualquier proyecto profesional, surgieron puntos de desacuerdo al renegociar condiciones. Cada parte defendiendo lo que considera mejor: el entorno de Alcaraz, pensando en el jugador; él, desde su propia perspectiva. No hubo enfrentamientos ni discusiones públicas, pero sí decisiones que no llegaron a consensuarse.

Reconoció que quizá sentarse a hablar más a fondo habría cambiado el desenlace, aunque la realidad fue otra. No se dio ese espacio y la relación llegó a su fin. Sin dramatizar, pero con claridad.

También apareció un factor inevitable: el desgaste. Años de viajes constantes, semanas fuera de casa, convivencias prolongadas y la necesidad permanente de encontrar nuevas formas de decir lo mismo, con el mismo objetivo. Ferrero fue honesto al aceptar que ese cansancio existe, incluso cuando la relación es buena.

Mirar atrás sin arrepentimientos

Lejos de centrarse en el final, Ferrero eligió mirar el recorrido completo. Desde aquel adolescente de 15 años con talento desbordado hasta el campeón de Grand Slam y referente del circuito. Recordó especialmente los primeros años, cuando el crecimiento era vertiginoso, los torneos pequeños abundaban y la ilusión se respiraba en cada entrenamiento.

A medida que Alcaraz fue llegando a la cima, los objetivos cambiaron. Ya no se trataba de escalar puestos, sino de gestionar expectativas, presión y excelencia constante. En ese camino quedaron títulos, finales inolvidables y, sobre todo, el recuerdo del último Roland Garros, al que Ferrero calificó como el más complejo de todos.

“Me he dejado el alma”

Una de las frases más contundentes de la entrevista no tuvo que ver con tácticas ni resultados, sino con emociones. Ferrero aseguró haberse dejado el alma en el proyecto. Ocho años de trabajo continuo, decisiones compartidas y un objetivo que iba más allá del tenis: ayudar a Carlos a crecer como persona y como profesional en un entorno tan exigente.

Admitió que ver ahora a Alcaraz competir sin él le dolerá. No por rencor, sino por la carga emocional que dejan las experiencias compartidas. Habló incluso de un proceso de duelo necesario, de tiempo para asimilar una ruptura que no se apaga de un día para otro.

Una puerta que no se cierra

Pese a todo, Ferrero fue tajante en un punto: no cierra la puerta a un reencuentro. Considera que, con la relación que construyeron, no tendría sentido una ruptura definitiva. No estar de acuerdo en ciertos aspectos no borra la amistad ni el respeto mutuo.

Deseó lo mejor a Alcaraz, convencido de que tiene condiciones para aspirar a ser uno de los mejores tenistas de la historia, con o sin él a su lado. Y mientras tanto, el propio Ferrero se tomará un tiempo. Estar en casa, bajar el ritmo, dejar que pase el dolor antes de pensar en nuevos retos.

Porque a veces, incluso en el deporte de élite, saber parar también es parte del trabajo bien hecho.

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