Jerry Rice llegó a la NFL para revolucionar la posición de receptor. Con una corpulencia diferente a la que se manejaba antes de la década de los ochenta, Rice combinó agilidad, rapidez y una disciplina de trabajo que lo llevó a fijar marcas que permanecen improbables de superar. Su impacto en el juego es tal que la propia liga lo reconoce como el jugador más grande en la historia de este deporte.
Dominio absoluto y marcas en el Super Bowl
A lo largo de su carrera acumuló 13 selecciones al Pro Bowl, diez inclusiones en el primer equipo All-Pro de la temporada y tres anillos de campeón del Super Bowl. En la edición XXIII disputada en 1989, Rice fue nombrado el Jugador Más Valioso tras registrar 215 yardas en 11 recepciones durante la victoria sobre los Bengals de Cincinnati —un récord de yardas recibidas en un solo juego de Super Bowl que se mantiene vigente—. Logró esa actuación tras superar una lesión en el tobillo sufrida en las semanas previas.
De la Universidad Estatal de Mississippi Valley al estrellato
Antes de dar el salto al profesionalismo, Rice estableció récords históricos de recepciones en la NCAA durante su etapa con la Universidad Estatal de Mississippi Valley. En 1985 fue seleccionado en la decimosexta posición global del draft por los San Francisco 49ers. En la NFL completó 14 temporadas superando las mil yardas, acumulación que lo llevó a ser el líder histórico con 22.895 yardas recibidas, 1.549 recepciones, 208 touchdowns totales y 303 partidos disputados.
Longevidad y recorrido por tres franquicias
Rice se mantuvo activo durante 20 temporadas en la liga profesional vistiendo la camiseta de tres franquicias distintas. Su etapa principal transcurrió con los San Francisco 49ers de 1985 al año 2000, periodo en el que cimentó la dinastía del equipo junto a los mariscales de campo Joe Montana y Steve Young. Posteriormente formó parte de los Oakland Raiders entre 2001 y 2004, antes de cerrar su trayectoria profesional ese mismo año defendiendo los colores de los Seattle Seahawks.