La previa del México vs Portugal no se vivió… se sintió. Desde horas antes del partido, los alrededores del Estadio Azteca se transformaron en una auténtica fiesta, de esas que solo el futbol mexicano sabe armar.
No es un partido cualquiera. Es la reapertura del Coloso de Santa Úrsula, un escenario que vuelve a la vida justo cuando el país se prepara para el Mundial 2026. Y la afición lo entendió perfecto.
Una fiesta desde la calle
Las calles comenzaron a pintarse de verde desde temprano. Banderas, playeras, lonas, instrumentos… todo lo que representa al aficionado mexicano apareció en la previa.
Grupos de amigos, familias completas y aficionados que llegaron desde distintos puntos del país se reunieron para acompañar este momento. No importaba el rival, ni siquiera el resultado. La cita era con la historia.
El ambiente fue creciendo con el paso de las horas. Los cánticos empezaron a sonar, los tambores marcaron el ritmo y poco a poco el Azteca volvió a sentirse como lo que es: un estadio que pesa, que vibra y que conecta con su gente.
Presencia de figuras y mirada internacional
El evento no pasó desapercibido. Personalidades importantes se dieron cita en el estadio, entre ellos Emilio Azcárraga y Gianni Infantino, quienes estuvieron presentes para observar de cerca el regreso del inmueble.
No es casualidad. Este partido también funciona como una prueba rumbo al Mundial, tanto en lo deportivo como en lo operativo. Y lo que se vivió fuera del estadio es un adelanto de lo que puede ser 2026.
El futbol como identidad
Más allá del espectáculo, la previa dejó algo claro: el futbol en México no se explica… se vive.
La conexión entre la afición y la selección sigue intacta. En un momento donde hay dudas, cambios y exigencia, la gente responde igual: llenando calles, cantando y creyendo.
El México vs Portugal todavía no empezaba… pero el partido ya se estaba jugando afuera.