En un par de ocasiones, el 19 de septiembre cambió las prioridades del futbol mexicano. Los terremotos de 1985 y 2017 dejaron pérdidas humanas, edificios destruidos y ciudades volcadas en las labores de rescate. En ambos casos, el balón pasó a segundo plano: se aplazaron partidos, los estadios cambiaron su función y la atención se concentró en levantarse de la tragedia.
1985: una tragedia que puso al Mundial en duda
El terremoto de 1985 ocurrió cuando el campeonato Prode 85 estaba por disputar sus semifinales. El encuentro entre Atlante y América fue suspendido y se jugó hasta el 26 de septiembre. La selección mexicana también vivió momentos de incertidumbre: algunos jugadores se encontraban en el aeropuerto, a punto de viajar a Estados Unidos para enfrentar a Perú.
La preocupación trascendió las canchas. México debía organizar el Mundial de 1986 y la devastación abrió interrogantes sobre su capacidad para recibir el torneo. Un portavoz de la FIFA mencionó la posibilidad de trasladarlo a Alemania Occidental, mientras el organismo evaluaba las consecuencias del sismo. Durante varios días, el futuro de la sede mexicana estuvo bajo escrutinio internacional.
Sin embargo, México conservó el Mundial. Las inspecciones confirmaron que los principales estadios destinados a la competencia, incluido el Azteca, no habían sufrido daños que impidieran utilizarlos. El 23 de septiembre, la FIFA ratificó que el torneo seguiría adelante. Posteriormente, su presidente, João Havelange, afirmó que el organismo nunca había considerado formalmente cambiar de país anfitrión.
2017: el futbol volvió a detenerse
Treinta y dos años después, otro terremoto sacudió el centro de México. El 19 de septiembre de 2017 se suspendieron los octavos de final de la Copa MX, incluido el América contra Cruz Azul previsto para esa noche. La decisión se extendió a la Jornada 10 de la Liga MX, al Ascenso y a las categorías femeniles y juveniles.
El Clásico Nacional entre América y Chivas también fue aplazado. La décima jornada terminó reprogramada para el 17 y 18 de octubre, mientras el calendario se ajustaba para permitir la atención de la emergencia. Los clubes comenzaron a habilitar estadios y otras instalaciones como centros de acopio para recibir víveres, medicamentos y herramientas.
Futbolistas y cuerpos técnicos participaron en las labores de apoyo. Javier Hernández y Miguel Layún impulsaron una campaña de recaudación, mientras jugadores de distintos equipos ayudaron a reunir y distribuir suministros. Los terremotos de 1985 y 2017 dejaron una misma imagen: cuando el país necesitó ayuda, el futbol detuvo sus partidos para sumarse a ella.