¿Amigo o enemigo? El escándalo entre De Bruyne y Courtois que marcó a Bélgica

La Selección de Bélgica vive un Mundial con un trasfondo que trasciende lo deportivo. El conflicto personal entre Kevin De Bruyne y Thibaut Courtois, originado hace más de una década, sigue siendo un tema latente en la convivencia del vestuario. Aunque la relación personal quedó fracturada, ambos futbolistas han mantenido un nivel de profesionalismo que les permite compartir convocatoria y sostener el rendimiento del equipo en la élite internacional.

El origen del escándalo

La historia se remonta a 2013, cuando Caroline Lijnen, pareja de De Bruyne, reveló públicamente que había tenido un romance con Courtois durante la etapa del arquero en el Atlético de Madrid. Según su versión, la relación se dio tras sentirse traicionada por el propio De Bruyne, quien habría sido infiel con una amiga cercana. La revelación generó un escándalo mediático en Bélgica y rompió la amistad entre dos de los talentos más prometedores de su generación.

La intervención de la selección

La tensión fue tan grande que el entonces técnico Marc Wilmots tuvo que intervenir antes del Mundial de Brasil 2014. En declaraciones posteriores, el entrenador confesó que habló directamente con De Bruyne para preguntarle si deseaba que Courtois fuera apartado del equipo. El mediocampista respondió que no, reconociendo la importancia del arquero para las aspiraciones deportivas de Bélgica. Desde entonces, ambos siguieron compartiendo vestuario en Eurocopas y Mundiales, aunque con una relación marcada por la distancia.

El presente en el Mundial 2026

Durante la actual edición, la convivencia entre ambos volvió a ser tema de debate. Durante los entrenamientos, ambos futbolistas suelen cruzar algunas palabras, no obstante, en los festejos tras eliminar a Estados Unidos y Senegal, las cámaras captaron cómo De Bruyne y Courtois evitaron cualquier gesto de cercanía, reforzando la percepción de que la herida personal nunca sanó. Sin embargo, en el campo mantienen un nivel de compromiso absoluto: De Bruyne como motor creativo y Courtois como referente bajo los tres palos.

A pesar del pasado, ambos han priorizado los objetivos colectivos. La relación es estrictamente profesional, sin gestos de amistad, pero con el compromiso de representar a Bélgica en un momento histórico. La selección ha aprendido a convivir con esta tensión, demostrando que el profesionalismo puede imponerse a las diferencias personales.

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