El héroe escarlata del bicampeonato

Se jugaba el minuto 77 cuando el técnico argentino Antonio “Turco” Mohamed volteó hacia su derecha buscando insistentemente entre los jugadores de relevo que tenía a quien le podía cambiar la historia a la final del Torneo Apertura 2025 ante los Tigres, cuando las cosas parecían casi imposibles.

Cuando su mirada encontró al hombre que buscaba y que era el indicado, Alexis Vega, le movió la cabeza para que se acercara a recibir las indicaciones, porque había llegado el momento de vestirse de héroe.

El marcador en los tableros del Estadio Nemesio Diez apuntaba que el juego estaba 2-1, con global de 2-2; los tiempos extra eran el siguiente camino. La emergencia ameritaba sacar de entre los algodones a su capitán y referente; el bicampeonato no se les podía ir de las manos.

Cuando el número 9 de los Diablos Rojos del Toluca se paró junto a Mohamed para escuchar lo que debía realizar en el campo, fue ensordecedor el grito de su nombre, coreado hasta el último rincón del infierno rojo por los miles de fanáticos que, ansiosos, nerviosos y desesperados, esperaban ese cambio desde hacía varios minutos antes.

El nacido en Santa Isabel Tola, en la Alcaldía Gustavo A. Madero, ingresó quizá apenas al 80 por ciento de su capacidad física. Venía de más de 40 días sin actividad intensa debido a las lesiones que le aquejaron en la recta final del torneo regular. Sabía que no se podía defraudar a él ni a sus compañeros, pero menos a esa afición que lo idolatra.

Apenas cruzó la línea de banda cuando la ebullición fue total de la fanaticada, mientras lo esperaba el número 14 Marcel Ruiz para rendirle pleitesía. De inmediato se despojó del gafete de capitán para entregarle ese honor a su líder moral y deportivo. La escena fue emotiva, pero sobre todo significativa.

Han pasado varios días desde este pasaje épico del Toluca, donde uno de los actores principales fue y seguirá siendo por siempre Alexis Vega, quien, con una sola pierna, pero con un alma guerrera, se echó encima la responsabilidad y el compromiso de entregarle a la afición escarlata el bicampeonato y el doceavo título para la rica historia de los Diablos.

Jugó infiltrado, disminuido físicamente, pero lo que jamás se debilitó fue su ilusión, entrega y profesionalismo, que suele explotar a su máxima capacidad cuando porta la playera de los Diablos Rojos del Toluca.

Así lo demostró cuando, en el último penal, ese que definía todo, asumió con pundonor el papel que le correspondía, cuando Jesús Gallardo, quien era el asignado, le entregó el lugar y el balón para que, como líder, cerrara la tanda como los grandes y para demostrar que con una pierna se sabe echar encima la historia del Deportivo Toluca.

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